El reciente declive del yen japonés contra el dólar estadounidense hasta máximos multianuales ha intensificado las especulaciones de que las autoridades podrían intervenir para estabilizar la moneda, ya que el Banco de Japón (BoJ) mantiene una política ultrabaja mientras que la Reserva Federal mantiene las tasas elevadas.
El par USD/JPY se ha disparado hasta niveles no vistos en décadas, impulsado por las crecientes diferencias en la política monetaria entre los dos bancos centrales. La postura restrictiva de la Reserva Federal contrasta fuertemente con el enfoque cauteloso del BoJ de endurecer la política, lo que deja al yen vulnerable a una mayor depreciación. Los participantes en el mercado señalan la caída del 15% del yen frente al dólar durante el último año como un factor de riesgo clave, lo que ha llevado a advertir a los analistas sobre una posible intervención.
El Ministerio de Finanzas de Japón ha señalado históricamente su disposición a actuar cuando los movimientos de divisas amenazan la estabilidad económica, aunque la intervención directa sigue siendo una herramienta de último recurso. La última intervención importante del yen tuvo lugar en 2022, cuando las autoridades gastaron alrededor de 60.000 millones de dólares para mantener la moneda. Desde entonces, el yen ha continuado debilitándose, con el par USD/JPY cotizando cerca de 155, un nivel que algunos analistas sugieren podría desencadenar una nueva intervención.
La salida gradual del BoJ de los tipos de interés negativos y el control de la curva de rendimientos ha contribuido poco a fortalecer el yen, ya que los inversores siguen centrados en la perspectiva de tipos de interés más altos durante más tiempo de la Fed. La divergencia ha alimentado las operaciones de carry, en las que los inversores prestan en yenes para invertir en activos con mayor rendimiento, lo que presiona aún más a la divisa. Los economistas observan que, aunque el saldo comercial de Japón ha mejorado, la debilidad estructural del yen persiste debido a los persistentes déficits de cuenta corriente y el sentimiento de riesgos a nivel global.
Los analistas de grandes bancos, incluido Goldman Sachs y UBS, han destacado los riesgos de una caída desordenada del yen, que podría disturbar la economía impulsada por las importaciones de Japón y aumentar las presiones inflacionistas. Los recientes ajustes de política de la BoJ, incluida una pequeña subida de tipos en marzo, han tenido un impacto limitado en la trayectoria del yen, dejando abierta la puerta a nuevas medidas si las condiciones empeoran.
Por ahora, el yen sigue bajo presión, y los operadores están observando de cerca cualquier señal de acción coordinada por parte de las autoridades japonesas. El potencial de intervención, junto con el camino de política de la Fed, probablemente mantendrá en el centro de atención al par USD/JPY en los próximos meses.













