La expansión del sector manufacturero de Nueva Zelanda se moderó en julio, con las empresas citando presiones de costos persistentes como el principal freno a la expansión. Los últimos datos del Índice de Gerentes de Compras (PMI) del país mostraron un ritmo de mejora más lento en comparación con junio, reflejando una demanda más débil y gastos operativos más altos.
El PMI ajustado por estación cayó a 52.3 desde 53.5 en junio, permaneciendo por encima del umbral de 50 puntos que separa la expansión de la contracción, pero señalando una deceleración en la velocidad de crecimiento. Los fabricantes informaron mayores desafíos para la adquisición de materiales básicos y la gestión de los costos de entrada, lo que continuó pesando sobre la rentabilidad y el crecimiento de la producción.
Los economistas destacaron que si bien el sector sigue en territorio de expansión, la ralentización subraya el impacto de las interrupciones en las cadenas de suministro globales y los precios de la energía elevados. El Banco Reservado de Nueva Zelanda había señalado con anterioridad que las presiones inflacionarias eran una preocupación clave, con los precios de los productores aumentando a su ritmo anual más rápido en décadas.
La lectura del PMI de julio se alinea con las tendencias más amplias observadas en las economías avanzadas, donde la actividad manufacturera se ha suavizado ante condiciones financieras más ajustadas y una demanda de los consumidores más débil. Los analistas esperan que el sector siga bajo presión en el corto plazo, con una moderación adicional posible si las presiones de costos persisten o la demanda se debilita aún más.
El sector manufacturero de Nueva Zelanda representa una participación modesta del PIB, pero su desempeño se monitorea de cerca como indicador de la salud económica más amplia y la resistencia del sector externo.












