El informe del Banco Central Europeo sobre su reunión de políticas del 22 y 23 de julio, publicado el pasado 27 de agosto, mostró que los funcionarios consideraron probable un nuevo aumento de la tasa de interés, a menos que los datos disponibles modifiquen considerablemente las perspectivas de inflación.
Los responsables políticos describieron la decisión de mantener las tasas sin cambios en esa reunión como una pausa temporal más que el fin del ciclo de endurecimiento. El BCE subió las tasas por primera vez en casi tres años en junio, con el objetivo de reducir la presión sobre los precios de la energía vinculada a las tensiones geopolíticas, incluido el conflicto en Irán.
Aunque la inflación se situó en casi el 3 %, los funcionarios observaron que el crecimiento del crédito empresarial aceleró hasta el 4,4 % en julio, su ritmo más rápido en más de tres años, lo que señala un continuado impulso en los mercados de crédito. La tasa de política de la BCE se encuentra actualmente en el 2,25 % y se espera que aumente hasta el 2,50 % en la reunión del 9 y 10 de septiembre, si las condiciones lo justifican.
La miembro del directorio de la BCE, Isabel Schnabel, reiteró a principios de semana que las decisiones futuras dependerán de los datos que lleguen, haciendo hincapié en que la pausa de julio no implica el fin del reforzamiento de las tasas. Los encargados de formular políticas también destacaron la necesidad de evitar predecir prematuramente el final del ciclo de subida de tipos, dada la persistente inflación.
Los últimos datos económicos sugieren que la economía de la zona del euro ha mostrado cierta resistencia, ya que la producción y las encuestas empresariales han superado las expectaciones. Esto indica que los esfuerzos del BCE para controlar la inflación aún no han impuesto una carga excesiva a la actividad económica.












