Una venta masiva en los mercados globales de bonos ha elevado los rendimientos de referencia a máximos no registrados en varias décadas, impulsada por el aumento de las preocupaciones sobre la inflación, el crecimiento de la deuda y las señales restrictivas de los bancos centrales. El bono japonés a 10 años superó el 3% el martes por primera vez desde 1996, mientras que los rendimientos del bono estadounidense a 30 años alcanzaron su nivel más alto desde 2007. Los benchmarks europeos también han registrado fuertes subidas, con los bonos alemanes y franceses a 10 años en niveles no vistos desde 2011 y 2008, respectivamente.
Este repunte refleja una combinación de factores. Los inversores están descontando riesgos inflacionarios persistentes ante el fortalecimiento de los precios del petróleo vinculado a las tensiones entre EE.UU. e Irán, mientras los gobiernos enfrentan costes de financiación elevados. La deuda estadounidense ha superado los 40 billones de dólares, y la ratio de deuda sobre el PIB supera el 100% en la mayoría de las economías del G7, excepto Alemania. En Reino Unido, los pagos por intereses consumen casi el 4% del PIB, aproximadamente el doble del promedio de la década anterior a la pandemia.
La retórica de los bancos centrales ha intensificado la venta masiva. Un discurso agresivo del presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Kevin Warsh, en el simposio de Jackson Hole reforzó las expectativas de tipos de interés más altos durante más tiempo. El Banco Central Europeo mantiene herramientas como el Instrumento de Protección de la Transmisión para frenar subidas "injustificadas y desordenadas" de los costes de financiación, siempre que se cumplan las normas fiscales de la UE. Mientras tanto, el Tesoro estadounidense ha anunciado planes de recompra de bonos para mitigar el alza de los rendimientos, aunque el secretario Scott Bessent ha restado importancia a las preocupaciones sobre la deuda y los rendimientos, destacando la solidez de la economía estadounidense.
La financiación corporativa también se ha disparado en paralelo, con cinco grandes hiperescaladores centrados en IA —Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— emitiendo 220.000 millones de dólares en deuda este año solo para financiar la expansión de centros de datos y el desarrollo de modelos de inteligencia artificial. Esta cifra supera en más del doble el total del año pasado y contribuye a un récord de 4,9 billones de dólares en emisiones globales de bonos corporativos en 2026, un 14% más que el año anterior.
La venta masiva ha revivido el concepto de los "vigilantes de los bonos", inversores que exigen mayores rendimientos para disciplinar a los gobiernos que perciben como fiscalmente irresponsables. Esta dinámica subraya la tensión entre el endurecimiento de la política monetaria y las trayectorias insostenibles de la deuda, con los mercados poniendo a prueba cada vez más la determinación de los responsables políticos para equilibrar el crecimiento y la sostenibilidad fiscal.












