El índice de precios al consumo central de Japón, excluyendo los alimentos frescos volátiles, aumentó un 1,8% interanual en julio, frente al 1,6% de junio, coincidiendo con las previsiones del mercado. La medida más amplia, que excluye tanto los alimentos frescos como la energía, aumentó hasta el 1,9% desde el 1,7% del mes anterior, mientras que el IPC total se situó en el 1,9%, frente al 1,6%.
El repunte de la inflación de julio supuso el tercer mes consecutivo de aumento de los precios en Japón, mientras que las empresas siguen trasladando al consumidor los mayores costes de energía y materias primas. Los subsidios gubernamentales en el suministro de combustible y servicios han mitigado el impacto de los precios elevados de la energía a nivel mundial, vinculados a las tensiones geopolíticas, en particular al conflicto entre Estados Unidos e Irán, que no muestra signos de solución.
Los precios de producción llegaron a su nivel más alto en más de tres años en julio, lo que indica la persistencia de las presiones de costes en curso. Los analistas de Capital Economics observaron que la agitación de las presiones subyacentes de los precios aumenta la probabilidad de otro aumento de las tasas del Banco de Japón, con expectativas de que tome medidas a lo largo de septiembre u octubre. La firma proyecta que el BOJ elevará las tasas a un 2 % para finales de 2027.
Los datos, que fueron publicados por la Oficina de Estadística el viernes, refuerzan la opinión de que la inflación se está consolidando gradualmente en Japón, aunque sigue por debajo del objetivo del 2 % del banco central. El BOJ ha indicado previamente un enfoque prudente en lo relativo al ajuste, equilibrando las dinámicas de la inflación frente a las preocupaciones relacionadas con el crecimiento. Los inversores supervisarán de cerca las próximas comunicaciones del BOJ para obtener más pistas sobre el momento y la magnitud de los ajustes en la política monetaria.













