El 3 de septiembre, Irán llevó a cabo un funeral para las víctimas de un ataque aéreo estadounidense que afectó una residencia costera en la que se celebraba una boda en el pueblo de Kuhestak. Las autoridades iraníes habían informado inicialmente de cuatro muertos y casi 70 heridos; una quinta víctima, una mujer de 22 años, murió posteriormente en el hospital, lo que eleva el número de víctimas fatales del último ataque estadounidense a 18, entre ellas un niño de 4 años, identificado como Amir‑Mohammad Karimi.
El ataque estadounidense tuvo lugar la noche del 1 de septiembre, después de una pausa en las hostilidades del Golfo Pérsico, tras el anuncio del presidente Donald Trump de suspender dos semanas de intensas operaciones aéreas en julio. Irán respondió con lanzamientos de misiles y drones el miércoles y la primera hora del jueves, dirigiéndose contra una base estadounidense en Kuwait y alcanzando objetivos en Iraq, Jordania, Catar y Bahrein. Las defensas aéreas de Kuwait interceptaron los proyectiles.
La escalada elevó los futuros del crudo Brent durante cuatro días consecutivos, elevando los precios por encima de los 96 dólares el barril, niveles no vistos desde julio. El Estrecho de Ormuz, que transporta aproximadamente el 20% de los envíos globales de petróleo y gas, sigue siendo un punto focal de preocupación del mercado.
Las fuerzas armadas de EE.UU. reconocieron los informes iraníes sobre las víctimas civiles, pero afirmaron que los civiles nunca fueron un objetivo. Los medios estatales iraníes citaron a un reportero que describió el cuerpo del niño como el de un mártir y a un residente local que lamentaba la pérdida de una celebración de boda.
Este incidente pone de manifiesto la mayor presión económica que sufre Irán, que se encuentra bloqueado por Estados Unidos desde hace tiempo, y pone de relieve la sensibilidad de los mercados del petróleo ante los desarrollos geopolíticos en la región.












