Los bancos privados suizos se enfrentan a un desafío persistente: equilibrar las ambiciosas aspiraciones de crecimiento con una gestión disciplinada del riesgo. Reto Jauch, en una entrevista para finews podcast, describe este aspecto como la disciplina que define el sector, ya que el éxito sostenible depende de mantener un equilibrio entre la expansión y la prudencia.
La tensión entre crecimiento y disciplina respecto al riesgo es clara en Julius Bär, que presentó buenos resultados para el primer semestre, aunque los analistas cuestionan cómo puede conseguir crecimiento sin comprometer los controles de riesgo. Jauch niega que estos objetivos sean inherentemente contradictorios. En cambio, hace hincapié en que la capacidad de mantenerlos ambos al mismo tiempo, sin oscilar entre períodos de expansión agresiva y un abrupto desinversión, es lo que distingue a las instituciones resistentes de las vulnerables a las crisis.
En el centro de este equilibrio se encuentra el papel del consejo de administración. Jauch argumenta que los consejos de supervisión deben definir el apetito por riesgos de una institución y fomentar una cultura de debate riguroso, en la que se planteen cuestiones críticas y las opiniones disidentes no sean comprimidas por la lealtad. «Cuando las decisiones están impulsadas por la lealtad en lugar del escrutinio crítico, la institución se expone a riesgos significativos», advierte.
Las estrategias excesivamente defensivas tienen sus propios peligros. Si bien la prudencia excesiva puede evitar los obstáculos a corto plazo, a largo plazo puede erosionar la competitividad limitando las oportunidades de ingresos. Jauch defiende un crecimiento ajustado al riesgo, en el que la expansión se calibra en función de la capacidad de riesgo del banco en lugar de buscarse a toda costa. Advierte contra los patrones cíclicos de crecimiento agresivo seguidos de un abrupto recorte, describiendo estas estrategias de «parar y volver a arrancar» como perjudiciales tanto para el rendimiento sostenible como para la confianza de las partes interesadas.
El cumplimiento sigue siendo un pilar crítico, especialmente para los bancos suizos que navegan en un entorno reglamentario cada vez más complejo marcado por cambios geopolíticos. Jauch subraya que confiar únicamente en talento externo no es suficiente; las instituciones deben invertir en potenciar las competencias de sus propios equipos para satisfacer las exigencias en evolución. La formación no debe considerarse un centro de costes, sino una necesidad estratégica, especialmente teniendo en cuenta la escasez de profesionales especializados en cumplimiento. La demora en la inversión en capacidades internas puede generar mayores gastos a largo plazo y vulnerabilidades operativas.
No existe una fórmula única y adecuada para el crecimiento sostenible en la banca privada, remarca Jauch. El ritmo óptimo depende del modelo de negocio de un banco, de su posición en el mercado y de las condiciones geopolíticas generales. La reputación de Suiza como centro financiero estable puede atraer capital en ciertos entornos, mientras que, en otros, la diferenciación a través de la tecnología y el servicio al cliente resulta decisiva. Las expectativas de los accionistas también juegan un papel, y Jauch aconseja a los bancos evitar prometer demasiado con respecto a los objetivos de crecimiento que puedan no estar en línea con sus realidades operativas. La analogía que él usa enfatiza este punto: los inversores de un coche deportivo esperan unos parámetros de rendimiento diferentes a los de un tractor, y los bancos deben garantizar que sus compromisos coincidan con sus capacidades.












