La propuesta de ley para el gas natural licuado (GNL) de Alaska se ha atascado en la legislatura estatal, lo que ha llevado al gobernador Mike Dunleavy a advertir que el retraso envía un mensaje negativo a los inversores potenciales.
En una rueda de prensa el miércoles, Dunleavy enfatizó que la postergación del proyecto podría erosionar la confianza en el sector energético de Alaska, que ha dependido durante mucho tiempo de inversiones a gran escala en infraestructura para sostener el crecimiento económico. El gobernador no especificó un plazo para la acción legislativa renovada, pero enfatizó la necesidad de apoyo bipartidista para avanzar la medida.
La ley, que busca simplificar los permisos y financiamiento para el proyecto de $38 mil millones, ha enfrentado oposición debido a preocupaciones sobre los sobrecostos y el impacto ambiental. Los partidarios argumentan que el gasoducto crearía miles de empleos y garantizaría ingresos de exportación a largo plazo, mientras que los críticos sostienen que los riesgos fiscales del estado superan los beneficios.
El proyecto de GNL de Alaska, una sociedad conjunta entre entidades respaldadas por el estado y inversores privados, ha estado en desarrollo durante más de una década. Su progreso ha sido obstaculizado por obstáculos regulatorios, precios energéticos globales en constante fluctuación y prioridades políticas cambiantes. Si se revive, el gasoducto transportaría gas natural desde la meseta del Norte a un terminal de exportación en Nikiski, posicionando a Alaska como un importante proveedor a los mercados asiáticos.
Los comentarios de Dunleavy siguen los recientes contratiempos para proyectos energéticos importantes en los Estados Unidos, incluyendo retrasos en programas de alquiler de petróleo y gas en otros estados. Los analistas sugieren que la incertidumbre prolongada podría desalentar la inversión futura en la infraestructura energética de Alaska, especialmente a medida que la demanda global de GNL crece.













