El CEO del Grupo Volkswagen, Oliver Blume, se prepara para una reunión clave del consejo de supervisión la próxima semana, ya que su amplio plan de reestructuración se ve sometido a una creciente resistencia por parte de los empleados y los accionistas. La propuesta, que incluye importantes reducciones de personal y posibles cierres de fábricas, tiene como objetivo abordar los desafíos estructurales dentro de las operaciones del fabricante alemán de automóviles.
El plan de Blume ha suscitado la oposición del personal de Volkswagen y de los principales accionistas, incluidos el Estado de Baja Sajonia, que posee una participación significativa en la empresa. Por el contrario, el plan ha recibido el apoyo de las familias fundadoras de Volkswagen, lo que pone de manifiesto las divisiones internas sobre la dirección del esfuerzo de reestructuración.
Antes de la reunión, los representantes de los trabajadores y el Estado de Baja Sajonia han elaborado dos propuestas rivales de reestructuración, aunque sus contenidos específicos siguen sin difundirse. El consejo de supervisión de Volkswagen, el comité de trabajadores y el Estado de Baja Sajonia se han negado a comentar las alternativas o el debate más amplio sobre la reestructuración.
El conflicto llega mientras Blume lleva a cabo un recorrido por las fábricas alemanas esta semana, reuniéndose con más de 10.000 trabajadores en la sede de la compañía en Wolfsburg. El recorrido sigue a una conferencia de prensa del 20 de marzo de 2025, en la que Blume presentó por primera vez su visión de reestructuración, que desde entonces ha enfrentado resistencia en una reunión del consejo de supervisión celebrada en julio.
Las acciones de Volkswagen (VOWG) subieron 0,65 euros, un 0,86 %, hasta 76,30 euros el 21 de agosto, lo que refleja el sentimiento de los inversores ante los desafíos en curso en materia de gobierno corporativo.













