Los precios del petróleo continuaron bajando el miércoles, con el crudo Brent cayendo hacia los 85 dólares el barril y el West Texas Intermediate estadounidense descendiendo hasta los 80 dólares el barril, lo que supone tres sesiones consecutivas de pérdidas y un descenso semanal superior al 9%. Aunque el crudo sigue siendo más del 40% más alto que a principios de año, el mercado está valorando cada vez más la posibilidad de que la crisis del Estrecho de Ormuz haya superado su fase más aguda.
Este cambio se produce después de que se difundieran informes sobre un Marco Interino mediado por Omán entre Irán y Omán para establecer un corredor marítimo conjunto temporal a través del estrecho. El viceministro de Asuntos Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, indicó que ambas partes también se han acordado negociar un acuerdo permanente dentro de los próximos 30 a 60 días. Sin embargo, no se ha establecido un calendario firme para la implementación del corredor temporal, lo que pone de manifiesto que el Estrecho de Ormuz aún no ha vuelto a operar con normalidad.
El anuncio de una posible salida del mercado ha sido suficiente para empezar a erosionar la prima de guerra integrada en los precios del crudo. Los analistas observan que el mercado físico está avanzando más rápidamente que los acuerdos diplomáticos formales, y se informa que las imágenes satelitales muestran siete petroleros cargando crudo iraquí en los terminales del Golfo Pérsico al comienzo de la semana, lo que representa aproximadamente 13 millones de barriles. Los datos de TankerTrackers indican además al menos 15 operaciones de transferencia de barco a barco en el Golfo de Omán, que incluyen aproximadamente 25 millones de barriles de crudo y productos refinados procedentes de casi todos los principales productores regionales, excepto Irán.
La aceleración de la actividad de carga y transferencia sugiere que los productores del Golfo están posicionando barriles en previsión de una ruta que cada vez creen que se pondrá en funcionamiento. Esto sugiere que el mercado ya no está calculando el peor de los escenarios, un cierre prolongado de Hormuz, sino que está teniendo en cuenta un compromiso ambicioso y a la vez factible en el que continúa fluyendo algo de petróleo, Irán mantiene su poder de negociación y la tensión se reduce progresivamente sin que ninguna de las partes se retire de forma explícita.
Los analistas advierten de que esto sigue siendo un tráfico de pasillo más que un comercio de paz. Este acuerdo podría revertir bruscamente si las negociaciones fracasan, los buques son amenazados o el marco temporal resulta más simbólico que funcional. Hasta ahora, el sentimiento positivo podía basarse en la ausencia de una vía diplomática, pero el peso de la prueba se ha trasladado a quienes argumentan que el estrecho seguirá estando efectivamente sellado dada la aceleración del ritmo de las cargas.













