El rendimiento del bono soberano japonés a 10 años se situó en el 2,945% el martes, registrando su séptimo avance consecutivo y acercándose a niveles no vistos desde septiembre de 1996. Este aumento, que triplica su valor en dos años, refleja las crecientes preocupaciones por la inflación y la sostenibilidad fiscal en un contexto en el que la deuda del país supera el 200% del PIB.
Los rendimientos a corto plazo también se dispararon, con el tipo a cinco años marcando un récord histórico y el de dos años alcanzando su nivel más alto en 31 años. El tipo de interés efectivo en Japón se sitúa actualmente en torno al 1,07%, con proyecciones que indican que podría elevarse hasta el 1,32% si el Banco de Japón (BoJ) aplica una subida de tipos del 1,5% para el ejercicio fiscal 2027. Los analistas señalan que los rendimientos de los bonos en los principales mercados, incluidos Estados Unidos, Alemania y Francia, también han escalado hasta máximos de varios años en las últimas sesiones.
Los participantes del mercado atribuyen la presión alcista sobre los rendimientos a una combinación de factores tanto internos como globales. La primera ministra Sanae Takaichi, en el cargo desde octubre, ha impulsado una estrategia de crecimiento liderada por la inversión, centrada en sectores estratégicos y acompañada de recortes fiscales, lo que ha generado dudas sobre la trayectoria fiscal del país. Una reciente subasta de bonos soberanos a 10 años registró la menor demanda en un año, lo que subraya la inquietud de los inversores.
El yen japonés se mantiene cerca de mínimos de cuatro décadas, mientras que los riesgos inflacionistas globales se ven agravados por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, incluido el conflicto entre Estados Unidos e Irán y los elevados precios del petróleo. Shoki Omori, estratega jefe de renta fija de Japón en Deutsche Bank, describió el aumento de los rendimientos como "una normalización con etiqueta de advertencia", y añadió que, una vez que el BoJ señale su tipo terminal, el nivel del 3% podría convertirse en un punto clave donde las compras en caídas superen las ventas por impulso.
Tsuyoshi Ueno, economista jefe del NLI Research Institute, advirtió de que superar el umbral del 3% es un símbolo que podría intensificar la presión vendedora sobre el yen si la atención se centra en la inflación subyacente y las preocupaciones fiscales. Naoya Hasegawa, estratega jefe de bonos de Okasan Securities, destacó la incertidumbre en torno a las políticas fiscal y monetaria, señalando que es poco probable una recuperación temprana de la demanda inversora. Takuji Okubo, director gerente y economista jefe de Japan Macro Advisor, sugirió que Japón aún dispone de margen para abordar su situación fiscal, aunque reconoció que otros países enfrentan desafíos aún más severos.













