He estado observando cómo el euro sube hasta 1,1682 durante las últimas semanas, y el máximo de tres meses que ha cogido titulares se siente casi demasiado ordenado. El descenso del índice del dólar hasta 98,7 sin duda ha ayudado, pero la historia detrás de la acción de precios es mucho más compleja que un simple repunte de riesgo.
El catalizador más inmediato es el programa agresivo de repetición de deuda del Tesoro estadounidense. Al retirar títulos del mercado, el Tesoro está drenando la liquidez a corto plazo del dólar, una medida que empuja al billete verde hacia abajo sin ningún cambio en la postura de política monetaria. Combinado con un modesto aumento del diferencial de rendimiento euro/dólar, el euro ha encontrado un impulso conveniente.
Sin embargo, el ascensor está construido sobre la arena. El Banco Central Europeo sigue en una trayectoria de flexibilización, con tipos de interés aún muy por debajo del nivel de la Reserva Federal estadounidense. La orientación a futuro del BCE sigue indicando posibles reducciones adicionales si la inflación continúa retrasándose, lo cual limita el potencial alcista del euro en un marco de diferencias de tipos de interés.
En cuanto al lado estadounidense, la Fed no está preparada para realizar recortes en un futuro próximo. La inflación, si bien está moderándose, sigue por encima del objetivo, y el balance de la entidad monetaria sigue aumentando a través del ajuste cuantitativo. Por lo tanto, la debilidad del dólar es más un producto de la dinámica fiscal –mayores déficits y la compra de bonos por parte del Tesoro– que de un cambio en la política monetaria.
El riesgo político en Europa añade otra capa de incertidumbre. Las próximas elecciones en economías clave, los debates persistentes sobre las reglas fiscales de la UE y el espectro de un nuevo shock en los precios de la energía podrían reactivar las presiones inflacionistas, obligando al BCE a pausar o incluso revertir su relajación.
Si el dólar vuelve a encontrarse con sus pies sobre tierra, quizá gracias a un aumento en la emisión de bonos del Tesoro o a un rally de los activos de riesgo, el euro podría perder rápidamente sus ganancias. La única manera de que el euro pueda defender su nivel actual sería que el BCE aumente las tasas con más antelación de lo previsto, un escenario que sigue siendo improbable, dados los datos actuales.
En mi opinión, el máximo del euro en casi tres meses es un rebote técnico a corto plazo más que un cambio de régimen. Los participantes del mercado deben vigilar atentamente la evolución de la diferencia de tipos, los acontecimientos fiscales en los Estados Unidos y el lenguaje de la política de la BCE antes de apostar por un repunte sostenido del euro.












