La inversión en inteligencia artificial se ha convertido en un factor clave del crecimiento económico mundial, con Estados Unidos beneficiándose desproporcionadamente de los enormes gastos de las principales empresas tecnológicas, según Julien Lafargue, estratega de mercados de Barclays Private Bank.
Lafargue estima que entre el 50% y el 75% del crecimiento económico reciente de EE. UU. se puede atribuir directamente o indirectamente a las inversiones relacionadas con la IA. El ciclo sigue en sus primeras fases, señala, aunque se espera que las tasas de crecimiento en el gasto se moderen con el tiempo. Es improbable que el impulso desaparezca pronto, impulsado por las presiones competitivas hacia las empresas, la demanda de los inversores y el apoyo estratégico del gobierno en medio de la rivalidad tecnológica entre EE. UU. y China.
Aunque Lafargue prevé posibles correcciones en segmentos sobrevaluados, como los fabricantes de chips de semiconductores y memoria, considera que se trata de una normalización dentro de una tendencia más amplia a largo plazo, en lugar de ser el fin del ciclo de inversión en inteligencia artificial. La tesis de inversión fundamental, argumenta, no es la IA en sí misma, sino los aumentos de la productividad que permite. La mejora de la eficiencia y la expansión de los márgenes en diversas industrias podrían finalmente ayudar a abordar los desafíos estructurales fiscales, incluido el aumento de la deuda soberana en muchas economías avanzadas.
En comparación, las perspectivas de Europa siguen siendo modestas. A pesar de las recientes iniciativas en materia de infraestructuras y gastos en defensa de Alemania, Lafargue advierte de que los beneficios económicos tangibles tardarán años en materializarse. La incertidumbre política, incluidos los próximos elecciones presidenciales de Francia en 2027 y las frágiles coaliciones de gobierno en Alemania, perjudica aún más la confianza de los inversores. Sin embargo, la economía suiza se encuentra en una posición más favorable debido a su estabilidad, aunque su mercado de valores no tiene exposición al actual rally impulsado por la IA.
Mirando hacia el futuro, Lafargue espera que la adopción de la IA se extienda más allá de la infraestructura, como los centros de datos y los chips, y se despliegue en sectores tradicionales. El sector de la atención médica, en particular, muestra un gran potencial para mejorar la productividad a través de la investigación de fármacos y la realización de diagnósticos. Con el tiempo, Europa y Suiza pueden beneficiarse más de lo previsto actualmente, a medida que la IA se difunde en diversas industrias.
China, a menudo infravalorada por los inversores, podría llegar a convertirse en un líder sorpresa en la próxima fase del desarrollo de la IA, sugiere Lafargue. Aunque se enfrenta a dificultades estructurales en el consumo y el sector inmobiliario, China posee una sólida base para avances en robótica y IA física. Su combinación de modelos avanzados de IA y capacidades de fabricación industrial podría posicionarla en la vanguardia de las oportunidades de inversión futuras.
Estados Unidos sigue siendo el principal motor del crecimiento mundial, indica Lafargue. La dinámica política, incluyendo las elecciones para el Congreso de Estados Unidos en noviembre, puede influir en la política fiscal, con posibles implicaciones para los mercados de valores. Independientemente de los resultados a corto plazo, la trayectoria de Europa sigue estando estrechamente ligada al desempeño económico de Estados Unidos, añade.












