Estados Unidos e Irán intensificaron su retórica el pasado viernes, en vísperas de que Washington imponga, el lunes a las 20:00 hora de Europa Central, lo que describe como las sanciones más duras de la historia. Las medidas apuntarán a cualquier entidad que brinde apoyo financiero o material a Irán, un movimiento que Teherán tachó de injerencia ilegal en el comercio global.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que las penalizaciones se extenderán a países que suministren a Irán "cualquier tipo de salvavidas", mientras que el presidente Donald Trump afirmó que Teherán busca un acuerdo, aunque se resiste a aceptar las condiciones que Washington considera aceptables. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, desestimó las sanciones previstas como un intento de imponer la autoridad estadounidense y subrayó que las medidas secundarias carecen de respaldo legal internacional.
La cúpula militar iraní respondió con amenazas de represalias. El general de división Ali Abdollahi, jefe del Estado Mayor iraní, prometió "respuestas aplastantes, punitivas y devastadoras" a nuevas amenazas, mientras que el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, reconoció la creciente presión económica y destacó que la fortaleza militar por sí sola no puede sostener al país sin crecimiento económico y producción doméstica.
La escalada coincide con un brusco descenso en la actividad marítima a través del Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el suministro global de petróleo. Según datos de seguimiento de Kpler, solo cuatro buques de carga cruzaron el estrecho el jueves, ninguno de ellos grandes petroleros ni gaseros. La media de los últimos siete días se sitúa en 8 millones de barriles diarios, frente a los niveles previos al conflicto, que superaban los 20 millones de barriles diarios y representaban aproximadamente una quinta parte del consumo global de crudo.
China representó más del 80% de las compras de petróleo iraní por vía marítima en 2025, según Kpler, lo que subraya el papel de Pekín en el sostenimiento de los ingresos energéticos de Teherán pese a la presión estadounidense. El conflicto, que ya cumple casi seis meses, ha dejado miles de víctimas, entre ellas 18 militares estadounidenses muertos y más de 750 heridos, según informes oficiales.
Los analistas advierten de que nuevos trastornos en el tráfico por Ormuz podrían agravar los riesgos de suministro en un mercado petrolero ya ajustado. El secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, ha destacado anteriormente la importancia estratégica del estrecho, señalando que una reducción prolongada de los flujos tendría repercusiones globales.












