El gobierno de los Estados Unidos ha aumentado la presión diplomática sobre la Unión Europea, instando a Bruselas a cumplir con los compromisos de comercio no arancelarios pendientes.
La nueva ofensiva se dirige a las barreras regulatorias y administrativas que siguen afectando el comercio transatlántico, destacando la fricción persistente en las relaciones comerciales entre las dos potencias económicas.



