La reciente intervención de Japón para estabilizar el yen refleja una dinámica que ya se vio durante la crisis financiera asiática a finales de la década de 1990, según un exdiplomático monetario de alto cargo. Naoyuki Shinohara, quien ocupó el cargo de viceministro de Finanzas de Japón para asuntos internacionales y de subdirector administrativo del FMI, dijo que la situación actual presenta inquietantes similitudes con el colapso monetario de Tailandia en 1997, a pesar de que Japón cuenta con un marco más sólido.
La comparación proviene del papel de Washington en la acción conjunta del 31 de julio de Tokio para sostener al yen. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, apoyó públicamente los esfuerzos de Japón, instando a Tokio a utilizar las líneas de intercambio de dólares en lugar de liquidar los bonos del Tesoro de Estados Unidos para financiar el futuro respaldo monetario. Shinohara observó que estas solicitudes reflejan crisis pasadas, cuando Estados Unidos, Japón y el FMI proporcionaron financiación en dólares para reforzar los recursos monetarios en Tailandia.
Shinohara enfatizó la ausencia de una coordinación estándar esta vez. Las intervenciones tradicionales suelen implicar evaluaciones conjuntas entre las principales economías y declaraciones oficiales del G7, dos elementos que no se materializaron en el último esfuerzo. Añadió que el mensaje de los bancos centrales es crítico para indicar determinación y advirtió de que, sin señales coordinadas, el impacto de las medidas unilaterales es limitado.
El yen ha sufrido una constante presión de depreciación, lo que ha llevado a Shinohara a argumentar que las bruscas caídas monetarias —y no su fortaleza— representan un riesgo más grande. Sugirió que podrían ser necesarios uno o dos aumentos de tasas adicionales por parte del Banco de Japón, elevando las tasas actuales del 1 % a aproximadamente el 1,5 %, para estabilizar el yen, pero que aún podrían resultar insuficientes para revertir su tendencia a la baja. También, factores externos, como una ralentización del crecimiento de Estados Unidos o el alivio de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, podrían reducir la presión sobre el yen al reducir los costes de las importaciones.
Los comentarios de Shinohara subrayan los desafíos con los que se enfrenta Japón, mientras navega entre la intervención monetaria en medio de una coordinación global limitada y las limitaciones políticas en evolución.












