La industria alemana se enfrenta a una competencia sin precedentes por parte de las empresas chinas, según una encuesta realizada por las Cámaras de Comercio e Industria de Alemania (DIHK). En una conferencia de prensa celebrada el jueves en Berlín, el responsable de comercio exterior del DIHK, Volker Treier, manifestó que las empresas chinas ya no compiten únicamente por el precio y el volumen, sino que han conseguido un elevado grado de avanzada tecnológica, de innovación y se han globalizado considerablemente en sus operaciones.
Una encuesta de la DIHK entre 1.300 empresas alemanas encontró que dos tercios informaron de un aumento de la presión competitiva. Este impacto es más acusado en los sectores industriales, donde el 83% de las empresas percibe esa presión, superando los niveles informados en el comercio o los servicios. Entre las empresas con operaciones en China, el 88% menciona una creciente competencia, mientras que incluso el 38% de las compañías sin operaciones directas en China percibe un aumento de la rivalidad. A pesar de los desafíos, casi todas las empresas afectadas planean mantener su actividad, con el 60% dando prioridad a la innovación de productos, el 50% centrándose en reducir costes y el 39% buscando nuevos mercados de ventas. Casi un tercio de las empresas consideraría establecer alianzas más profundas con sus homólogos chinos.
La industria alemana no ve una solución rectificadora del problema. El estudio indica que el 67% de las empresas apoya una postura unificada de la UE hacia China, mientras que el 60% aboga por reducir la dependencia estratégica, particularmente en materia de materias primas. Además, se solicitan la exclusión de las empresas chinas de los proyectos de infraestructura crítica (49 %), el endurecimiento de las reglas de acceso al mercado de la UE (36 %) y la adopción de medidas más estrictas de protección comercial (31 %). Por el contrario, el 25% de los encuestados favorece la reducción de las barreras comerciales y de inversión.
Un notable 55% de las empresas apoyan medidas de la UE más enérgicas contra las supuestas distorsiones, incluso si tales medidas podrían suponer mayores costes, burocracia, tarifas o acciones retaliatorias. Sólo el 37% se opone a estas medidas. "Este no es un llamamiento a una guerra comercial", subrayó Treier. "Las empresas buscan una competencia justa, no el aislamiento". Instó a la aplicación coherente de los instrumentos existentes de la UE.
El tema dominó las discusiones en la reunión de ministros de economía del G20 que se celebró esta semana en los Estados Unidos, en la que los participantes abordaron las prácticas no de mercado y los desequilibrios comerciales. En un resumen se destacó la intención del grupo de contrarrestar las distorsiones derivadas de las exportaciones excesivas que perjudican a otras economías. Aunque China se opuso a varias formulaciones, los restantes miembros del G20 apoyaron la postura de Estados Unidos, que ya ha impuesto aranceles más altos sobre los bienes chinos. El superávit comercial global de China alcanzó casi 1,2 billones de dólares en 2025, un récord.












