El Banco Central Europeo (BCE) está dispuesto a aumentar las tasas en 25 puntos básicos en su próxima reunión de política monetaria, pero la decisión se produce en un momento en que los responsables políticos evaluan los riesgos de intensificar la inestabilidad de los mercados en un contexto de rendimientos de bonos elevados y presiones en las finanzas públicas.
Carsten Brzeski, director global de Investigación Macro de ING, señaló que, aunque la economía de la eurozona ha mostrado resiliencia, sigue habiendo una distinción entre una economía que soporta shocks y otra que requiere una política monetaria restrictiva. «Existe una gran diferencia entre una economía que ha mostrado resiliencia y una economía en sobrecalentamiento que necesita una política monetaria restrictiva», dijo Brzeski. Añadió que, ante las preocupaciones sobre las finanzas públicas y la subida de los rendimientos de los bonos, el BCE se ve limitado en su capacidad para endurecer aún más la política sin correr el riesgo de una recesión.
Se prevé que la inflación general se mantenga por encima del 3 % interanual durante el resto de 2026, según la evaluación de ING, mientras que la inflación de los bienes y servicios no ha dado señales de alarma. No obstante, persisten los riesgos derivados de los precios elevados del petróleo y del posible repunte de los shocks de los precios del gas. Se espera que las nuevas proyecciones del personal del BCE, que se conocerán la próxima semana, eleven ligeramente las previsiones de crecimiento e inflación, en parte debido a los mayores costes del petróleo y a las revisiones al alza realizadas en el primer trimestre.
Ha surgido una divergencia de políticas dentro del BCE, con funcionarios como Isabel Schnabel y el gobernador del Banco Central de Irlanda, Gabriel Makhlouf, defendiendo un endurecimiento adicional. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, aún no ha dejado clara su postura, aunque los mercados han comenzado a estimar, al menos, un nuevo aumento de tipos de interés antes de fin de año.
El contexto incluye preocupaciones más amplias relativas a la sostenibilidad de la deuda, especialmente a la luz de las elecciones presidenciales francesas que se celebrarán el próximo año, y las primeras especulaciones sobre un sucesor de Lagarde. Las tasas de los bonos se han elevado considerablemente, lo que amplía el reto para el BCE de ajustar la política sin agravar la tensión en los mercados financieros. Una tasa de depósito del 2,5 % después del aumento previsto para la próxima semana situaría la política dentro del intervalo neutro estimado por el BCE, pero el margen de maniobra del banco central sigue limitado por las presiones externas y domésticas.
Los analistas sugieren que, aunque el próximo movimiento del BCE podría justificarse técnicamente por la dinámica de la inflación, el entorno financiero general limita la capacidad de la institución para actuar con decisión sin correr el riesgo de consecuencias no deseadas.












