El dólar estadounidense se espera que siga debilitándose, según Bank of America Global Research, con el dólar neozelandés en posición de superar a las demás monedas G10.
Los analistas de la institución citaron factores estructurales, incluida la posible ralentización del crecimiento económico estadounidense y las expectativas de una política monetaria más suave de la Reserva Federal, como principales impulsores de la depreciación del dólar. La perspectiva asume una continuación de la divergencia entre la política monetaria estadounidense y global, lo que podría mantener la demanda de monedas con rendimientos más altos, como el dólar neozelandés.
El dólar neozelandés ha ganado terreno frente al dólar en las últimas sesiones, reflejando un mejor sentimiento de riesgo y expectativas de un crecimiento resiliente impulsado por commodities en la región. Las proyecciones de Bank of America se alinean con el sentimiento de mercado más amplio, donde los operadores han ido incrementando la valoración de un pico en las tasas de interés estadounidenses y un ciclo de suavización gradual.
Los estrategas de divisas de la institución no proporcionaron un nivel específico para el dólar neozelandés, pero enfatizaron el potencial de una apreciación sostenida frente al dólar verde sobre el mediano plazo. El desempeño del dólar neozelandés también se ve respaldado por su estatus como moneda de alta beta, sensible a cambios en el apetito de riesgo global y tendencias de precios de commodities.
El índice del dólar estadounidense, que mide el dólar frente a una canasta de monedas principales, ha caído aproximadamente un 2% en el pasado mes, coincidiendo con un aumento en el tipo de cambio del dólar neozelandés. Los analistas destacaron que una debilidad adicional del dólar podría estar impulsada por datos económicos estadounidenses más suaves o un cambio más pronunciado en las expectativas de política monetaria de la Reserva Federal.
La evaluación de Bank of America se suma a un creciente consenso entre las principales instituciones financieras de que el dólar estadounidense puede enfrentar presiones prolongadas, especialmente si el crecimiento global sigue siendo desigual y las instituciones centrales fuera de los Estados Unidos mantienen posiciones monetarias más estrechas.



